La importancia de nuestras interacciones

Las interacciones son vitales en la construcción de relaciones sociales, y éstas se constituyen a través del despliegue de distintos recursos comunicativos por parte de las partes implicadas en el proceso comunicativo. La importancia de las interacciones que establezcamos es notoria, ya que dependiendo de la forma en la que sucedan surgirán unos sentimientos u otros.
La interacción social es un fenómeno muy complejo que aglutina muchas cuestiones. No no sólo van a influir en él los objetivos que tenga cada persona, sino también las expectativas que tengan de lograrlos, los valores individuales, las experiencias previas, los roles que hayan podido ser predefinidos (por ejemplo, en una entrevista de trabajo, los roles están ya establecidos de antemano), las normas que rigen la interacción y que dependerán de la cultura a la que pertenezcan las personas involucradas, el contexto en el que se enmarque la interacción, la propia condición biológica del ser humano, etc.

En mayor o menor medida, las personas contamos con 20150717_1959572unas habilidades socio-comunicativas que nos ayudarán en el proceso de interacción o, por el contrario, nos lo dificultarán. Estas habilidades socio-comunicativas engloban distintos tipos de componentes, dentro de los verbales podríamos analizar el contenido del mensaje, la atención personal dispensada en el mismo, la realización de preguntas y el tipo de respuestas concedidas al interlocutor/a así como el uso del humor o la ausencia de éste. Otros componentes a considerar serían los paralingüísticos: volumen de voz, entonación, fluidez verbal y timbre, velocidad de habla y claridad. Por último, podemos conseguir una cantidad ingente de información a través de los componentes no verbales: expresión facial, mirada, tipo de postura y de orientación hacia la/s otra/s persona/s, la frecuencia y patrón de los gestos, la apariencia personal, la distancia que se establezca y si se da contacto físico. Esto da cuenta de cómo, en una interacción, no sólo cuenta el mensaje en sí, sino que la manera en que éste es presentado va a resultar relevante para el producto de la interacción. Para ilustrar esto, se podría pensar en una situación de dos personas que acaban de conocerse y una dice algo que encaja perfectamente dentro del abanico de intereses de su interlocutor. No se conocían con anterioridad, por lo que la única información disponible es la que se deduce de esa interacción, como la propia apariencia personal. Si, por ejemplo, esta persona, llamémosle Mario, tiene una apariencia en la que se inserta algún rasgo muy saliente como pueden ser muchos tatuajes, piercings y/o dilataciones corporales, puede que su interlocutor se muestre reacio a tratar con él/ella, al ponerle una etiqueta fruto de la asociación con algún estereotipo. Si además, Mario al hablar se acerca demasiado e invade el espacio personal de quien acaba de conocer, Adrián, y a esto se le une que habla demasiado deprisa, parece que lo más proclive es que se produzca un abandono de la interacción por parte de Adrián, que no quiera continuar con ésta. Igual Mario y Adrián son dos estudiantes que acaban de conocerse el primer día de clase, y el de los adornos corporales le está contando a su compañero que sabe cómo es el profesor por un/a amigo/a, y el hablar muy rápidamente se deba a la ansiedad derivada de la situación nueva que supone empezar un nuevo curso en un centro desconocido, pero la interacción ha definido que Adrián no quiera relacionarse con Mario.
Las habilidades socio-comunicativas no son innatas, sino que se aprenden en el proceso de socialización y pueden adquirirse y/o trabajarse. Esta es la razón de que existan numerosos cursos, talleres y programas para mejorar las habilidades sociales en general, o enfocados a temas más concretos como el hablar en público o el manejo de la comunicación asertiva en las relaciones de pareja.

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El correcto uso de las competencias socio-comunicativas constituye un potente feedback en la interacción y ayuda al fortalecimiento de las relaciones sociales. Por ello, es razonable que desde los primeros momentos de la ontogenia, el individuo varíe en el uso de, por ejemplo, la expresión facial, en presencia del otro/a. Las competencias socio-comunicativas nos conectan a los demás, nos ayudan en nuestros vínculos y, siendo conscientes de esto, podemos intervenir en vista a una mejora en la calidad de nuestras relaciones sociales. Dichas competencias son en las que se basa, mismamente, el etiquetaje del tipo de relación que mantengamos con la otra persona. Con las interacciones se construyen relaciones estables, tales como amistad o pareja, al darse los elementos de motivación y durabilidad unidos. En la interacción, cada uno/a intentará definir la situación de la relación para volverla estable, pues redefinir continuamente la relación, en cada intercambio, sería contraproducente y el resultado sería la disolución de la misma, como señalaron Watzlawick, Beavin y Jackson (1985). De aquí derivaría la importancia de los programas enfocados a mejorar estas cuestiones y al aprendizaje de estrategias de interacción para facilitar una comunicación interpersonal más asertiva. Lograr manifestar de manera más asertiva las emociones resulta importante en la prevención de conflictos ya que quedarían más claros los intereses de cada parte dentro de la interacción y se podrían evitar muchos malentendidos. Todo ello nos conduciría a mantener unas relaciones más sanas. Por otro lado, los efectos positivos de aumentar la competencia socio-comunicativa en las interacciones diádicas no se limitan a las relaciones de amistad o con la familia, sino que repercutirán en el ámbito laboral y/o en el académico. La autoestima y el bienestar personal viene, en buena medida, definido por las relaciones sociales positivas (Monjas, 2006 citado en Casado, 2013).

Referencias bibliográficas:

Watzlawick, P., Beavin, J. y Jackson, D. (1985) La organización de la interacción humana. En Teoría de la Comunicación Humana (pp. 115-141). Barcelona: Herder.

Casado, M. (2013) Programa de intervención de habilidades de interacción social para personas con Trastorno del Espectro Autista de alto funcionamiento a través del teatro: “Sentimos como actuamos”. Trabajo de Fin de Máster no publicado, Facultad de Educación y Trabajo Social, Universidad de Valladolid. Obtenido el 25 de noviembre de 2015 de http://cerro.cpd.uva.es/bitstream/10324/3809/1/TFM-G%20193%20.pdf

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