Conclusiones al ciclo de entradas sobre Freud (VI)

En el recorrido teórico realizado me marqué el reto de intentar englobar distintos aspectos temáticos aparentemente muy dispersos bajo el objetivo de querer mostrar la lucha interna que se desarrollaría en el individuo a la hora de actuar. He partido del concepto de doppelgänger, o mito del doble, tal como expuse en la primera entrada. El planteamiento freudiano de superyó, yo y ello, con la idea de la carga pulsional, los instintos y la represión a través de las normas dictadas por el superyó hace que relacione la teoría de Freud no sólo con el mito del doble, sino también con la misma dualidad de mente-cuerpo tan recurrente en la antigüedad filosófica, pues entreveo cómo la mente sería lo que se entendería como superyó y el cuerpo sería abarcado en el concepto del ello. El nexo entre mente y cuerpo es para Freud el yo, estructura que, al estar mediando, separaría la teoría freudiana definitivamente del planteamiento cartesiano sobre la naturaleza humana que concibe mente y cuerpo como entes separados e independientes. Las deducciones de Descartes serían irreconciliables con las de Freud puesto que de las primeras se extraería que el pensamiento humano gozaría de total libertad, al ser la mente algo totalmente distinto del cuerpo y no regirse por unas leyes mecánicas. Frente a ello, para Freud, los pensamientos y la parte inconsciente tendrían un impacto directo en la conducta.

freud

A pesar de pensar en Descartes y su dualismo antes de realizar este ciclo de entradas, el mito del doble me pareció más acertado para plantear desde él lo que ha terminado siendo un ensayo. López (1981) explicaría así la naturaleza humana: existe, pues, en la vida psíquica, una serie de tendencias que pugnan por surgir a la superficie y una fuerza contraria que no busca más que su anegamiento y naufragio”. El mito del doppelgänger lo he usado como símbolo de esto. A través de las entradas he abarcado distintos ámbitos. El último fue el de la religión en relación al superyó pues ésta, por las personas creyentes, sería internalizada y se erigiría como en un conjunto de normas morales que luego el superyó pasaría a obligar cumplir, impidiendo que ciertos deseos quedasen satisfechos. En el tratamiento de la masculinidad-feminidad  sucedería lo mismo, ya que en la sociedad se habrían configurado unos esquemas en torno al género y estos serían asumidos por la población a través del proceso de socialización, matizando al superyó e incluyendo nuevas normas a cumplir, a pesar de los deseos que pudiese tener la persona. De nuevo se aprecia cómo el superyó limitaría al ello. El superyó indicaría qué es lo bueno y que es lo malo, sería como el juez, cuestionaría los deseos y paralizaría los actos encaminados a apaciguarlos, reprimiendo así las pulsiones. Sería como si la persona tuviese una parte buena y una parte mala, tendría internamente a su doppelgänger, a su contrario.

Las últimas entradas serían más específicas, desde mi punto de vista, que las dos anteriores. Esta especificidad radica en que son casos más concretos que se relacionarían con las ideas abstractas de libertad y felicidad que expongo con anterioridad. Con la rigidez del ello, y la restricción impuesta a la satisfacción de las pulsiones, se estaría limitando la capacidad del individuo para obtener la libertad y la felicidad.

 

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