Y nos creíamos libres: sobre el determinismo y la relativa libertad del individuo. (II)

La formación científica de Freud es una clara influencia en su pensamiento, ya que no olvida el papel de la genética y la biología en el desarrollo de su teoría al hablar de cómo el ello, que es instintivo, influiría en el yo y el superyó. Por el principio genético y evolutivo pretende reducir estos dos últimos componentes psíquicos y recurre al concepto de la sublimación como medio para explicar la coexistencia de las pulsiones instintivas (que vienen del inconsciente) y de las metas que se pondría el sistema psíquico (Luna, 2014). De hecho, el método psicoanalítico consiste en lo inconsciente volverlo consciente, ese es el propósito básico y su enfoque final es el de la superación de problemas derivados de un desequilibrio entre los distintos componentes de la psique. A propósito del ello, yo y superyó, y de cómo en la percepción de uno mismo se debe hacer frente al ello y al superyó, adscribo la siguiente cita de Luna (2014): “¿Ser dominado o dominar, ser patrón o esclavo?”. Para Freud siempre terminará ganando el inconsciente, lo que pondría fin al debate sobre la libertad, pues estarían los impulsos, las pulsiones, limitándola. Freud mostraba, en palabras de Fromm (1960), “un gran escepticismo en la capacidad del hombre corriente para dirigir su propio destino”.libertad

Si se compara el comportamiento animal (que es muy rígido y se caracteriza por numerosos automatismos) con el de las personas, se observa un debilitamiento de los instintos, pero éstos siguen siendo importantes en la vida de la persona, pues se mantiene la existencia de unas cargas. Seríamos esclavos de nuestros deseos, aunque tenemos la libertad de cambiar nuestros comportamientos prácticos. Frente al mundo animal, habría que reconocer que poseeríamos el privilegio de la flexibilidad, mutando un objeto de deseo por otro, a través de las operaciones de metáfora y metonimia. En la última parte de su obra, Freud cuenta que en las personas habría dos instintos, el de muerte (tánatos) y el de vida (eros), dualidad que sería sustituida en el lenguaje popular por la de amor y odio (Stevenson y Haberman, 2010). El de vida es el instinto de protección, el mismo que guiaría a los animales, que no se arriesgarían más allá de lo necesario pues lo primero es la supervivencia. García (2013) indica que el ser humano podría probar los límites del ello, y caer en las patologías (tabaquismo, alcoholismo, drogadicción, etc.). Podrían aparecer conflictos en el individuo también si éste se ve privado del instinto sexual. Dicha insatisfacción podría generar la suficiente frustración como para dar origen a enfermedades neuróticas (Stevenson y Haberman, 2010) y, en tiempos de Freud, la represión sexual era muy alta, lo cual condenó al relacionarlo con el aumento de las neurosis (Fromm, 1960). Recoge García (2013) la existencia de perros obesos en nuestras sociedades, y coloca este ejemplo como estandarte en su explicación de los instintos, para indicar que en el reino animal no sucede el instinto de destrucción de forma natural, y que es entonces algo propio del hombre.


Salcedo (2010) revisa los planteamientos de Freud y lo aleja del determinismo
, pues concluye que, aún concediéndole importancia a unas conjeturadas predisposiciones innatas con las que contaría el hombre, la atención de Freud se centra en las vivencias afectivas del individuo, su historia personal. Las inclinaciones biológicas no servirían en sí mismas para orientar el destino de la persona si no se dan una serie de condiciones en la vida de ésta, unas experiencias afectivas determinadas que haya enfrentado, para que se disparen guiando al individuo. Esta interpretación de la teoría freudiana queda amparada por Lahitte, Azcona y Ortiz (2013), al exponer que Freud no explicaría un fenómeno psíquico por una sola causa, sino que razona como necesarios varios factores complementarios como origen del fenómeno. Izquierdo (1996) ve que Freud plantea un proceso influido por lo físico y lo social que concretaría el objeto y el destino de las pulsiones del individuo. Sería un proceso de socialización del sujeto. Al explicar parte de la conducta por lo social, Freud demuestra que no cree en el innatismo, ya que habría posibilidad de actuación al emerger los deseos por la vinculación de la tensión experimentada con una huella de memoria de un acontecimiento pasado. El deseo, a menudo confundido con la pulsión, es un impulso que no se enmarca en lo psíquico o lo físico, sino en lo social: surge con el lenguaje (y el lenguaje, claro está, surge de la necesidad de comunicarse coP1020916.JPGn el otro). Pulsión y deseo son términos usados con frecuencia indistintamente, pero hay una diferencia sutil entre ellos. La pulsión debe ser siempre satisfecha, siempre se busca su goce (por ejemplo, la pulsión de alimentarse). El deseo, por su parte, es querido y es rechazado de forma simultánea, y se halla vinculado a una percepción del pasado (García, 2013). Cuando se pretende escapar del deseo, engañarse a uno mismo y evadir la realidad, el resultado sería el fracaso. La represión no conlleva la desaparición del deseo y éste pasará al inconsciente (Stevenson y Haberman, 2010). De este modo, la persona se vería aún más privada de su libertad precaria, ya que no podría comprender su forma de actuar al estar el deseo velado y no manifestarse. El psicoanálisis muestra la supuesta necesidad de hacerlo consciente para poder recuperar el control.

Entonces, ¿qué sería el concepto determinismo para Freud? Siguiendo la explicación de estos autores, el determinismo sería la posibilidad de poder dar cuenta del conflicto en base a la idea de la causalidad. Ninguna formulación del yo consciente surgiría del “libre albedrío”, sino que detrás habría alguna motivación, y del conjunto de fenómenos, en apariencia independientes e irrelevantes para el fenómeno psíquico producido, se podría, contrariamente a lo previsto, deducir el origen de dicho fenómeno (Lahitte, Azcona y Ortiz, 2013). El pensamiento freudiano no apoya la idea de determinismo clásica. Freud, quizá influido por su formación científica, si que creería en la ley de la predicción, como expone Salcedo (2010), pero en el caso de los seres humanos no la llevaría al extremo (pues de sus obras se puede deducir que no valida la idea de la certeza de predicciones para explicar la conducta humana, que calificaría de multicausal).

 

Referencias bibliográficas

Fromm, E. (1960) Convicciones religiosas y políticas de Freud. En E. Fromm (Ed.) La misión de Sigmund Freud. México: Fondo de Cultura Económica.
García, F. (2013) Análisis del concepto de deseo en Platón, Freud y Lacan frente a la crisis del sujeto contemporáneo (pp. 155-234). Tesis doctoral, Facultad de Filosofía, Universidad de Barcelona.
Lahitte, B., Azcona, M. y Ortiz, V. (2013) La noción de causalidad en Sigmund Freud. Límite, 8 (27), 59-74.
Luna, J. (2014) Del inconsciente a la libertad del “yo quiero”, Inconoidentia: Revista electrónica de filosofía Mariana-MG, 2 (2). Descargado el 19 de noviembre de 2015 de: http://bit.ly/1NQEqtq
Stevenson, L. y Haberman, D. (2010) Freud: la base inconsciente de la mente. En L. Stevenson y D. Haberman (Ed.) Diez teorías sobre la naturaleza humana (pp. 195-218). Madrid: Cátedra.

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