Doppelgänger: El deseo del individuo subyugado por el Superyó. (I)

El verdadero Doppelgänger sos vos

Julio Cortázar. Rayuela

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Imagen: Noell S. Oszvald

Doppelgänger es el vocablo alemán usado para referirse al mito del doble. Se dice que todos tenemos en el mundo un doble que es exactamente igual a nosotros y a la vez, en esencia, es la antítesis absoluta.

Parto de este concepto como metáfora de cómo el individuo se divide entre lo que los deseos le dicta (el ello) y lo que el superyó consiente. De ahí que el título del presente ensayo, que ocupará varias entradas, sea “Doppelgänger. El deseo del individuo subyugado por el superyó” y que comience mi escrito con la cita de la obra de Cortázar, pues no hallo mejor forma de empezar mi ensayo que una de las obras que más me han marcado de la literatura. Dicha frase surgía en un diálogo entre Oliveira y Traveler y se refería a la estrecha similitud que había entre ellos, aunque Oliveira era la figura del conocimiento y reflexión y Traveler, por su parte, constituía el ejemplo de llevar al acto lo deseado: vivir, en definitiva. Pienso que esta cita sacada del contexto refleja cómo el individuo se mueve en la vida vacilante, siendo en ocasiones él mismo su propio Doppelgänger al reprimir sus pulsiones por las normas rígidas autoimpuestas o, más bien, asumidas, pues las normas morales serían, en sentido último, sociales, ya que sólo aparecen en contacto con los demás, al convertirse el sujeto en sujeto ético. Esto hace que se pueda cuestionar que las normas sean autoimpuestas, al no tener origen en el propio individuo, sino en su realidad social y haber sido meramente interiorizadas. Por eso, aunque la cita de Cortázar se refiera a una figura externa, la empleo como si se refiriese a que el Doppelgänger está en uno mismo, y como metáfora del ello y el superyó, pues los patrones morales vienen de fuera (de la familia, la escuela, la cultura, etc.) y sería entonces como si el superyó fuese nuestro propio Doppelgänger. Asimismo, en la idea que tengo del mito del doble creo que éste ha sido visto como augurio de muerte en la literatura, lo cual sigue encajando en mi metáfora con el superyó, ya que el superyó frena al ello y, llevado al extremo, conduciría a su muerte al no tener en cuenta las exigencias de la dotación pulsional con la cual nacemos según el planteamiento freudiano. A este hipotético caso no se llegaría literalmente, pues antes de esto sucede la mutación del objeto. Como medida sustitutoria, el individuo reprimido volcará la carga energética de ese deseo en otro objeto que guarde relación con el original. La satisfacción no será completa, pero, tal como afirma el principio de conservación de la energía, “ésta ni se crea ni se destruye, sólo se transforma” y la energía del deseo inicial pasa a enfocarse en un objeto distinto. El ello, como se aprecia, siempre estaría, al menos, de fondo, aun cuando las mayores pulsiones no sean permitidas por el superyó y haya, se podría decir, unas tentativas de satisfacción a través de otros objetos a los que se desvía la pulsión primigenia. De todos modos, el superyó es capaz de llevar al sujeto a perder el control sobre sí mismo y esta es la justificación a la cura psicoanalítica que defiende el trabajo en el yo, su fortalecimiento, como contrapartida a las imposiciones del superyó, para poder tener más nivelados los tres componentes de la psique: ello, yo y superyó.

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Sigmund Freud

En las siguientes entradas iré abordando los temas siguientes: el concepto de libertad visto a partir de la teoría freudiana; la búsqueda de la felicidad que tanto preocupó a Freud, pues acabó interpretando que nos alejamos constantemente de ésta como si estuviéramos predestinados a no alcanzarla; la idea de la “feminidad” impuesta a la mujer a través del superyó y el superyó en aras de Dios, la religión como elemento constitutivo de normas morales. Es un intento de organizar unos temas que, personalmente, considero casi inseparables, pues aprecio una estrecha conexión entre ellos, algo así como un entramado en el cual los distintos papeles se solapan: la religión y los mandatos de género, la libertad y la felicidad, los mandatos de género y la felicidad…

En cuanto a las razones más personales que me llevan a tratar los planteamientos de Freud están, por un lado, mi cercanía a su figura, en el sentido de que he crecido bajo su influencia al tener accesibles un considerable número de libros en torno al psicoanálisis y, claro está, algunos de ellos escritos por el calificado como padre de esta teoría. Por otra parte, la curiosidad por sus ideas al haberlas visto condenadas y ridiculizadas dentro del ambiente cognitivo-conductual en el que me he formado. Asimismo, vislumbro un especial interés por la mujer en su obra y considero muy relevantes las cuestiones que plantea, tanto como para poder servir Freud, desde mi punto de vista, como punto de partida a la hora de tratar las cuestiones de género. A pesar de no compartir el pensamiento de Freud, me resulta particularmente interesante pues la polémica que lo caracteriza siento que es capaz de estimular enormemente a la reflexión, lo cual aprecio en sí como un logro. Al margen de las implicaciones que se deriven de su teoría creo que en ésta formula algunos de los temas que más preocupan al ser humano, como son la libertad y la felicidad.

 

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